Acerca de

Thomas Dufrene - Dueño del espacio Cocollona en calonge

Sobre mí

Mi nombre es Thomas, soy francés, nacido en Bretaña en el noroeste de Francia, viví la mayor parte de mi juventud en Dordogne, suroeste de Francia. A los 21 años, dejé mi país natal y me fui a descubrir el mundo. Visité muchos lugares, viví en diferentes países y descubrí varias culturas. Durante años adopté la vida nómada, yendo allí donde estaba el trabajo. He aprendido mucho al sumergirme en nuevas culturas, conocer gente nueva y vivir experiencias diversas.
Sin embargo, poco a poco empecé a entender que la felicidad no consiste en la cantidad de cosas que sabes o en cuantas cosas has hecho, y menos aún en el número de cosas que tienes. Sino más bien en estar satisfecho con las cosas más sencillas que nos ofrece la vida. Paradójicamente, a través de un viaje recogiendo el mundo, reconocí el valor de una vida simple.
Durante estos años de viajes, sentí la creciente necesidad de añadir espiritualidad a mi vida. Una vez que dejé de viajar, tenía que ser mi prioridad principal.
Por otro lado, soy esposo y padre de dos niños. Mi objetivo hoy es echar raíces y centrarme en lo importante. Calonge nos ofrece esta oportunidad y esperamos pronto instalarnos en un terreno, construir una mini-granja permacultura y empezar a vivir lo más autosuficiente que lo podamos.

Mi viaje con el Tarot y la magia

Recibí una educación puramente atea y materialista. Durante muchos años rechacé cualquier creencia o práctica espiritual que no estuviera probada por la ciencia. Sin embargo, después de algún tiempo, entendí algunas cosas…
  • Después de pasar por años de depresión cuando era adolescente, empecé a sentirme feliz el día que decidí volver a serlo. Así aprendí el poder de la mente.
  • También, comprendí que el conocimiento científico es erroneo a veces. Lo ha sido en el pasado y seguro que en ciertas cosas lo es hoy. Nuestra propia capacidad de entender la realidad y las herramientas científicas que tenemos son muy limitadas. El método de la ciencia es, por supuesto, primordial, pero es aplicable también a prácticas espirituales. El problema hoy es que la obstinación creada por el pensamiento científico moderno es limitante.
Por mi parte, a través de varias experiencias – en particular la mediación – me di cuenta de que la realidad era mucho más de lo que actualmente se puede entender. Empecé estudiando la filosofía oriental y aprendí mucho. Pero, en cierto modo, no hablaba el mismo lenguaje simbólico y, por tanto, nunca fui capaz de captar realmente los conceptos.
Un día, compré una baraja de Tarot para mi mujer. Ella apenas la utilizó y yo me convertí en tarotista. Había encontrado un lenguaje espiritual que podía entender. A partir de entonces seguí estudiando la tradición mística occidental y, en particular, la magia ceremonial. También practico la meditación chamánica con tambores, que me parece una profunda herramienta espiritual, además de ser universal y accesible a todos por su sencillez.

El espacio Cocollona en Calonge

El estudio y la práctica sobre varias técnicas espirituales me han enseñado lecciones muy valiosas a lo largo de mi vida. Me ayudaron a comprender mejor la naturaleza de la realidad y me hicieron mejor persona.

Estudiar el Tarot me invitó a sumergirme en la astrología, la alquimia, el hermetismo, la Qabalah y mucho más. Sea cual sea tu camino espiritual, te lanza hacia una mejor comprensión de la esencia de nuestro mundo y sobre todo de tí mismo.

Esta sabiduría a veces se denomina «oculta». La palabra «oculta» significa escondida, unos conocimientos accesibles sólo para unos pocos. Aunque seguirá pareciendo oculto para la mayoría, los tiempos han cambiado. No es necesario esconderse y nadie está excluido.

Por todas estas razones he abierto «Cocollona». Un lugar para ayudar, aprender, enseñar, practicar, crecer y compartir.

La leyenda de la Cocollona

El creador del personaje de esta leyenda apócrifa fue Emili Massana que, ante la mala pronunciación de una sobrina suya, entendió la palabra Cocollona. Inmediatamente captó que podía ser una palabra compuesta de coco-dril y papa-Llona. Y así nació el monstruo gerundense que nada por el río Onyar las noches de luna llena.

El personaje fue siendo enriquecido posteriormente en conversaciones y tertulias hasta que, con la colaboración dialéctica de unas pocas personas, se constituyó el cuerpo definitivo de la leyenda. Y dice esta lleganda que en el lado izquierdo del Onyar, por el barrio del Mercadal, había un convento de monjas que practicaban muy poco las devociones y penitencias que los correspondían y que más bien se dedicaban a una vida bastante gamberra.

Pero entre ellas había una novicia, cargada de buena fe y con verdadera vocación religiosa, que no quería seguir las otras hermanas en su errado camino y les reprochaba continuamente la vida pecaminosa que llevaban. Y entonces, las hermanas, para no tener que sentir más la carcoma de los constantes reproches, la cerraron con llave en una celda subterránea, muy cerca de donde ahora tiene salida al río la acequia Monar. 

Durante muchos años, la pobre novicia estuvo encarcelada en la tétrica cueva hasta que la persistente humedad, la falta de luz y la mala alimentación, hicieron que le fueran saliendo unas escamas en todo el cuerpo hasta que, poco a poco, sufrió una metamorfosis total y se quedó convertida en una especie de cocodrilo. Pero aunque tuviera un aspecto repulsivo, su santidad y la pureza de su alma contribuyeron de otra manera a la transformación de su cuerpo: le salieron en su espalda de reptil unas maravillosas alas de mariposa, de luminosos colores . Y así la novicia se transformó en la Cocollona.

Cuando murió, sola y abandonada, su fantasma comenzó a ser visto nadando por las aguas del río Onyar, en las cercanías del lugar donde había sido injustamente cerrada, más o menos entre los actuales puente de Piedra y el puente de las Pescaderías Viejas . Y dicen que, únicamente las noches de luna llena, hacia el amanecer, en aquella hora brumosa en que los fantasmas son visibles, aquellos gerundenses que sean verdaderamente sensibles pueden ver el espectro medio transparente y borroso de un cocodrilo con alas de mariposa que va nadando, arriba y abajo, hasta que, en el primer rayo de sol, se desvanece.