Muchas religiones enseñan una versión de la creación del universo, en este artículo os presentaré como “Dios” creó el universo según la Qabalah.

La imagen de Dios representado con un hombre viviendo en el cielo no tiene nada que ver con el pensamiento cabalístico. Dios no puede tener género porque Dios es unidad, no puede ser dual.

De hecho en la biblia se refiere a la palabra “Elohim”. “El” es la raíz de la palabra para Deidad, “Eloh” es una palabra femenina singular, una Diosa, y “im” se usa para terminar las palabras de cosas plurales y masculinas. Elohim entonces se podría traducir como “Dioses y Diosas” o “Deidad con doble género”.

Los tres velos de existencia negativa

La especulación última es que Dios es nada que podamos conocer. El nombre dado a esta primera idea de Dios es “Ain”. Se traduce literalmente como «nada», o simplemente «no». Es el vacío absoluto, lo opuesto a la existencia, la ausencia completa.

La segunda idea que podemos avanzar para intentar a definir a Dios es que no puede estar limitado, es sin límite. “Ain Soph” procede de Ain y se traduce como «sin límite». Si no hay nada entonces no hay fronteras ni limitaciones; este es el fundamento ilimitado.

Se dice que nadie puede mirar a la cara de Dios y sobrevivir. Similarmente, no podemos resistir a mirar el sol durante más de un segundo, es demasiado luminoso. Por eso, se pueden asociar estas dos ideas. Del mismo modo, la luz física se percibe como etérea e intangible, y debido a que la luz da vida y calidez, a menudo se usa en la Qabalah como metáfora del Poder Divino. Por lo tanto, el primer aspecto concebible, pero no comprensible, de Dios es luminosidad más allá del entendimiento, luz ilimitada. Ain Soph Aur significa «luz ilimitada o eterna».

Estos tres conceptos se sitúan encima del árbol de la vida , y se llaman los tres velos de la existencia negativa. Esos conceptos no son generalmente comentados mucho más en la Qabalah, porque se acepta de que no es posible para nosotros entenderlos.

La contracción de Dios y el Tzimtzum

La teoría cabalística más popular de la creación del universo se llama “Tzim-Tzum” y nos viene del rabino Isaac Luria.

Él nos explica que antes de la creación del universo, la divinidad llenaba el universo:

“Sabed que antes de que lo emanado fuera emanado y las creaciones fueran creadas, una simple luz divina llenó toda la existencia. Y no había espacio que estuviera vacío, y todo estaba lleno de esa luz simple y eterna”.

Luego, por una razón desconocida, decidió crear. Isaac Luria nos precisa simplemente:

“La Luz simple quiso crear los mundos y emanar lo emanado, para arrojar Luz sobre la perfección de sus acciones y sobre sus nombres, qué es la razón de la creación.”

Así, Dios comenzó el proceso de creación al «contraer» su Ain Soph Aur para permitir un «espacio conceptual» en el que pudieran existir reinos finitos y aparentemente independientes. Se puede decir que Dios seguía en este espacio, tal como una rosa fragante deja su aroma o su esencia cuando la quitamos de un lugar.

La noción judía de un mundo de libre albedrío está profundamente arraigada en este concepto, en el entendimiento de que al crear la vida, Dios, sometió su omnipotente Presencia Divina para la realización de la Divina Voluntad de que haya otros seres. Nuestro mundo, entonces, es el espacio sagrado que el Gran Espíritu nos dio como regalo para vivir cualquier emocion y experiencia que queramos. 

El intento inicial y la creación de los Qliphoth

Luego Dios mandó un rayo de energía desde dentro de “Él” mismo en este espacio abandonado, intentando crear contenedores para esta energía.

Los recipientes absorbieron tanta Luz que tomaron la naturaleza de su Creador; como tal, ya no eran felices simplemente recibiendo todo el tiempo, y también querían ser creadores. Querían compartir y ser causa de sus propias realizaciones. El simple hecho de ser el receptor provocó lo que en Qabalah se llama Pan de la Vergüenza, la vergüenza que proviene de recibir lo que no se gana.

La Luz quería darnos todo, y no creó los recipientes para que experimenten esta falta de plenitud. Entonces, la Luz, que llenó todos los espacios posibles de existencia con Su esencia, se dio cuenta de que necesitaba dar un paso atrás y darle espacio a los contenedores para crecer. Por lo tanto, restringió sus bendiciones y se contrajo en sí misma, separándose de los contenedores, causando que se rompieran.

Cuando se rompieron crearon cáscaras (o Qliphoth), los sitios donde los demonios residen. Se dice que si todos hubieran sido intactos, el mundo habría sido perfecto.

Estas Qliphoth son barreras metafísicas entre nosotros y Dios que nos impiden recibir todas las bendiciones que están destinadas para nosotros, sentirnos felices, seguros o realizados todo el tiempo. Además, cuando la Luz se contrajo en sí misma, separándose de los recipientes, algunas chispas de Divinidad se infundieron en las qliphoth. Esto les dio vida, causando la fuente de todo el mal en el mundo.

La creación de nuestra realidad y de los sefirot

Dios lo intentó de nuevo y lo logró, la energía originando del Ain, travesó el ain Soph, el Ain Soph Aur y llegó a la primera sefirá.

Se entiende que hay varios sefirot, porque para que haya diversidad dentro de la creación, fue necesario revelar diferentes cualidades o atributos dentro de lo Divino. Estos “atributos” se llaman sefirot y son los componentes básicos de la creación.

La energía llenó la primera sefirá y desbordó en la segunda, la cual se llenó y desbordó en la tercera, así sucesivamente bajando por el árbol de la vida hasta la última sefirá, sefirá número diez, donde se concedió un equilibrio.

A medida que baja el árbol, la energía va desde muy etérea y espiritual hasta la décima sefirá, que se manifiesta como el plano físico y nuestro planeta tierra.

La energía viene de la divinidad y sin ella, todo se pararía. Entonces Dios tiene que amarnos verdaderamente para consecuentemente darnos nuestra existencia.

Interpretación de los sefirot

Podemos ver que a través de la creación de esas emanaciones, Dios creó el universo físico. En efecto, desde el espíritu de la divinidad (1), emanó el elemento de Aire (2), desde el Aire emanó el elemento de Agua (3), desde el Agua emanó el elemento de Fuego o Éter (4). Desde el Éter emanó la Altura (5), y Profundidad (6), el Este (7), y el Oeste (8), el Norte (9) y el Sur (10).

Se puede también entender de esta otra manera: desde la nada (Ain), se envisiona el ilimitado (Ain Soph), o espacio exterior, y luego la luz ilimitada (Ain Soph Aur), o el Big Bang. Empezamos en la primera sefirá con un punto. Con la adición de la segunda sefirá obtenemos una línea y si añadimos la tercera sefirá tenemos un triángulo o un plano. Luego gracias al conocimiento necesario para pasar de la segunda dimensión a la tercera (la sefirá escondida Da’ath), añadimos la cuarta sefirá y entonces tenemos un volumen o una piramide. A partir de esos planos tenemos que añadir movimiento (quinta sefirá) y tiempo (sexta sefirá). A partir de ahí, necesitaremos la esencia de la vida, el ser (séptima sefirá), la conciencia, o la capacidad de pensar (octava sefirá) y la dicha, o capacidad de sentir las cosas fuera de uno mismo (novena sefirá). Con todos estos aspectos llegamos a la décima sefirá, toda la realidad.

 

Espero que este artículo os parezca interesante. Si os interesa la Cosmogénesis según el punto de vista cabalístico, encontraréis varias interpretaciones de este proceso y varias variaciones del proceso de creación, esta es simplemente una entre otras. 

¿Habías oído esta historia antes? ¿Conoces otras versiones del proceso de creación segun la Qabalah? ¡Dime todo en los comentarios!

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